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La nueva nomenclatura de la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD) refleja un cambio profundo: el hígado ya no puede entenderse de manera aislada, sino como parte de un sistema cardiometabólico donde convergen obesidad, diabetes, hipertensión y dislipidemia. El verdadero reto no es solo prevenir la progresión hepática, sino reconocer que el pronóstico del paciente depende también de su riesgo cardiovascular y metabólico.















